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Muere Kevin Keegan, la leyenda británica que ganó dos Balones de Oro
El fútbol británico pierde hoy a uno de sus iconos más luminosos y contradictorios. Kevin Keegan, el único futbolista británico en ganar dos veces el Balón de Oro, ha fallecido a los 75 años tras luchar contra el cáncer, según informa elpais.com. Su familia anunció la noticia esta tarde: estaba rodeado de su esposa e hijas en sus últimos momentos.
Del pueblo minero al summit europeo
Hijo de un minero de origen irlandés, Keegan creció en la privación, pero su trayectoria desafió todos los límites que el fútbol de su época le imponía. El Liverpool lo fichó por 33.000 libras desde el modesto Scunthorpe United, el club de su pueblo natal, de la mano de Bill Shankly.
Entre 1971 y 1977 en Anfield, Keegan anotó 68 goles en 230 partidos, conquistó tres Ligas inglesas y una Copa de Europa, rompiendo deliberadamente con el molde del delantero centro británico tradicional. Su físico —medía apenas 1,72 metros— le valió el mote de «Súper Ratón», pero su capacidad de salto felino y su desmarque arrasador lo convirtieron en una pesadilla para las defensas.
La consagración en Alemania y los dos Balones de Oro
El Hamburgo lo fichó en 1977 por un récord de 500.000 libras. Fue en Alemania donde su leyenda alcanzó dimensiones mitológicas. La permanente afro que poblaba su cabello lacio se convirtió en imagen icónica, contagiosa y extravagante: Bryan Robson, Charlie George y otros no tardaron en imitarla.
Los premios llegaron sin demora. Keegan ganó el Balón de Oro en 1978 y 1979, una hazaña que ningún otro futbolista británico ha replicado. Era la confirmación de que el pequeño inglés con rizos afros había conquistado Europa, y que la genialidad futbolística no tiene talla.
El intelectual del banquillo y la retirada en Marbella
Cuando cerró su carrera en 1984, Keegan eligió Marbella como refugio junto a su esposa e hijas, a las que crió sin que supieran de su celebridad internacional. Durante casi una década practicó golf, lejos de los focos, hasta que decidió regresar al fútbol como entrenador.
Como técnico del Newcastle, Keegan ofreció una de las reflexiones más memorables jamás pronunciadas en el mundo del fútbol: «Sé lo que hay a la vuelta de la esquina, pero no sé dónde está la esquina». Sus palabras, tan poéticas como enigmáticas, capturaban la esencia de un hombre único: generoso, combativo, disciplinado hasta la obsesión y dotado de una ingenuidad que parecía extraída de un cuento de Alicia en el País de las Maravillas.
Un legado intacto
Kevin Keegan deja un recuerdo imborrable de poderío físico, compasión y entrega sin concesiones. Fue arquetipo del futbolista británico en su forma más noble: el que todo lo da en el terreno de juego y sigue siendo humano fuera de él. Su muerte cierra un capítulo dorado del fútbol europeo, aquel en el que los ingleses dominaban Europa y sus historias se escribían con letra mayúscula.
Fuente: elpais.com


