
Nagore Robles confiesa su mayor lucha: "Me cuesta hablar con gente"
El aislamiento tiene muchas caras, y la de Nagore Robles es la de alguien que, a pesar de estar rodeada de pantallas y seguidores, se siente profundamente sola. La televisiva e influencer ha abierto su corazón en redes sociales para confesar una batalla que muchos reconocerán: la soledad de vivir en una ciudad, trabajar sin parar y darse cuenta de que, poco a poco, está perdiendo sus habilidades sociales. Según informa 20minutos.es, Robles ha descrito su situación con una frase que resume perfectamente el miedo de cualquiera: "A este paso me va a costar hasta hablar con cualquier persona".
Un año 2026 marcado por los cambios
Para Nagore Robles, este 2026 será recordado como uno de sus períodos más complicados. Tras terminar su relación con Carla Flila a finales de 2025, la influencer se ha volcado completamente en su carrera profesional, buscando crecer en un sector tan exigente como el de la televisión y las redes sociales.
Sin embargo, ese enfoque laboral intenso ha tenido un precio: la desconexión del mundo que la rodea. "Me relaciono poco, vivo sola y estoy lejos del centro y de mis amigos", confesó en Instagram. Su agenda no deja espacio para lo que muchos damos por sentado—una conversación casual, una cervecita con gente, o simplemente estar acompañada sin que sea por motivos de trabajo.
El deporte como tabla de salvación (casi)
Consciente del problema, Robles ha intentado poner soluciones. Hace poco se apuntó a un club deportivo con piscina y, lo más importante, que ofrecía clases grupales. Su intención era clara: retomar la natación y, de paso, rodearse de gente en un entorno relajado.
El plan parecía perfecto sobre el papel. La realidad, sin embargo, fue más complicada. En su primera clase, el trabajador del recinto la trató de manera que ella misma describió como "seca". El tono frío casi la convence de no volver, teniendo en cuenta su estado emocional vulnerable.
Un final inesperadamente positivo
Lo que podría haber sido el final deprimente de otra historia de soledad terminó siendo, sorprendentemente, un punto de inflexión. A pesar de sus inseguridades y del mal rato inicial, Nagore se quedó en la clase. Y cuando terminó, su perspectiva había cambiado.
"En otro momento no hubiera vuelto a la clase, pero me gustó, aunque el profesor no tanto", explicó. Lo interesante de su reflexión es que entendió algo fundamental: no necesita que todo sea agradable para disfrutar. El hecho de estar haciendo deporte en grupo, de estar rodeada de gente, de estar en movimiento—eso ya era suficiente.
Con esa determinación renovada, Robles ha decidido seguir yendo a las clases grupales, independientemente de la actitud del personal del club.
Un reflejo de una soledad contemporánea
La confesión de Nagore Robles toca un nervio que muchos españoles reconocen: la paradoja de estar conectado pero aislado. Vive en una ciudad, tiene millones de seguidores, pero pasa sus días en soledad. Es el retrato de una generación que ha normalizado trabajar sin descanso, que se siente culpable por necesitar conexión humana, y que a veces descubre demasiado tarde que las habilidades sociales, como cualquier músculo, necesitan ejercitarse.
Por ahora, Nagore seguirá nadando. Seguirá yendo a esa clase grupal donde no le cae bien el profesor. Y quizá, poco a poco, vuelva a descubrir que hablar con gente no es tan difícil después de todo.
Fuente: 20minutos.es


